El Conde Pascual presenta:
LA FAMA ES PURO RIESGO
Hace mucho tiempo que la humanidad se ve caracterizada por enfrentar el principal desafío: sobrevivir. Y en este afán, es que nos vemos involucrados hasta la fecha; y tan es así, que no nos diferenciamos demasiado de nuestros antepasados. La fama, el poder, la riqueza, son uno de los tantos abismos que nos acerca nuestra vida cotidiana. A pesar de que no tenemos demasiado tiempo en esta existencia, concentramos toda nuestra energía en permanecer en el tiempo y la historia. Y así, llegamos a nuestro cuerpo con alma, heredando nuestra sed de conquista y de lucha por la permanencia. A nuestros recuerdos, se le agregan nuestros sueños y nuestras encomiendas, que forjamos cuando desde niños, nos dicen qué debemos ser y hacer. Con toda esta carga emocional, nos enfrentamos a los tiempos que corren, y mientras que la vida nos encandila con lo que vendrá, nos exponemos a los riesgos que nunca terminan. La ironía de que no existe lugar para todos en este mundo, nos lleva a pensar en el egoísmo como salvador de nuestro ser y de nuestros afectos. Nuestro pensamiento decide por nosotros, y nos acostumbramos a un razonamiento estrecho y precario. La desconfianza abarca nuestras acciones y, el enfrentamiento con nuestros rivales parece ser un motivo más que suficiente, para poder justificar el paso por este mundo.
“Vemos lo que creemos”
Como únicamente creemos en lo que vemos, comenzamos a formarnos una idea equivocada de lo que la vida representa. Parecemos a menudo, como espectadores de un mágico espectáculo, y no enceguece la idea de protagonizar un papel determinante en nuestras vidas. La actitud de sobresalir en la inmensidad, fundamenta los objetivos para poder escalar, ya sea en el deporte, en la actuación, en la empresa, en los medios, y como si fuese poco, en todo lo que nos gusta hacer o realizar. Para dar un ejemplo, la inconformidad se asemeja bastante, a una rueda que siempre nos lleva a un mismo punto final, y que vuelve a girar nuevamente hasta el infinito.
Pero, como nuestro espíritu es más fuerte, se manifiesta incasablemente para intentar convencernos, de lo que es más primordial en nuestra vida: la vida misma. Por ese motivo, es que muchas veces nos sobreponemos al dolor y a la angustia, de lo contrario nuestra vida podría permanecer en la resignación. Así y todo, nos escapamos de nuestra verdadera esencia y de nuestra energía, que es lo que verdaderamente constituye nuestro ser. Nos consideramos un cuerpo con alma, cuando en realidad somos un alma con cuerpo. Todo nuestra energía que no es palpable o visible a simple vista, la descuidamos y la deterioramos como si fuese algo insignificante.
“Los artistas no son la excepción”
Sin dudas que nuestras vidas representan la magia y el milagro de vivir, pero así mismo nos creemos imbatibles, y pensamos que nada nos sucederá (nada malo). Pero en el ámbito de los artistas, especialmente de los músicos este enfrentamiento con los sobre esfuerzos se vuelven más punzantes, y el filo de los límites se agiganta. Tanto es así, que muchas veces no se miden consecuencias cuando el artista se entrega a su público, y la fama se convierte en un magnetismo que propensa a las enfermedades y a los accidentes. A todo esto se suma el desgaste por pretender alcanzar lo lejano, y además entregar lo mejor en cada actuación, en cada disco o en cada canción. En este contexto, el egoísmo se cubre de gloria y justifica cada gota de sudor. Y tan es así, que con frecuencia nos vemos en la situación dificultosa de mantener a nuestros ídolos. Sin ir más lejos el caso de Rodrigo, quien fuese “víctima” de la fama por querer dar todo a su público y sus seguidores. El caso de Gary, que nos entregó toda su mágica voz, a cambio de nuestro aplauso. El caso de Pablo Ravassollo, que entregó su juventud, a cambio de nuestra alegría. El caso de Manolo Cánovas, quien recientemente cumplió 10 años de su desaparición física, nos entregó todo su talento a cambio de nuestro fervor. Fervor que todavía recordamos con la magia de su ritmo y estilo “trulalero”, que aún vive entre nosotros.
“La magia que todavía perdura”
Pero, para ir terminado, quisiera llegar a Ustedes también, con la posibilidad de decirles que la fama podría ser también la oportunidad de conocernos a nosotros mismos; ya que por más que nos esforcemos en trascender, lo mejor que nos podemos acuñar en nuestras vidas, es la posibilidad de percibir la magia de nuestro fuerte espíritu, para que nos brinde el equilibrio suficiente para recorrer un camino coherente, y no olvidarnos de por qué estamos en este mundo. Y, por sobre todo, respetando las fuerzas “invisibles” que están presentes en nuestro entorno; permaneciendo mágicamente como nuestros ídolos que nos brindan tanta alegría y felicidad. Para todos aquellos músicos y cantantes que nos entregaron lo mejor, y los seguimos recordando, levantemos nuestro espíritu como si fuese una copa de brindis en un sincero homenaje. Alentemos a todos los que llevan a la fama, como un desafío gustoso de permanecer en los corazones que conforman un “cuarteto” fuerte, sano, feliz y alentador.
¡¡¡Salud famosos!!!
Autor: El Conde Pascual - Parapsicólogo / Metafísico - (artículo publicado en la Revista Todo Cuarteto, año 2010)